sábado, 10 de noviembre de 2012

Te sonríe y caes sin darte cuenta.

Lo recuerdo todo con bastante claridad. Desde aquel 29 de noviembre de 2011, nadie habia sido capaz de entrar en mi vida y cambiarla como hizo él, la ultima persona en la que confié y de la que me enamoré, un error más, sin duda. Y hoy, declaro oficialmente que todos esos sentimientos que creí perdidos siguen estando ahí. No con la misma persona, ni por la misma situación, pero sí de la misma manera. Es demasiado complicado. ¿Qué tiene él que no tienen los demás? Quizá sea su sonrisa, o la manera que tiene de sonreírme. Sus bromas, o cómo es capaz de sacarme de mi mal humor con tan sólo decirme un par de palabras. Él no se da cuenta, y no, no lo sabe, pero es la razón por la que me levanto cada día y sigo luchando. El motivo por el cual tengo una sonrisa de tonta todo el día en la cara. El causante de mis momentos de "Joder, es tan mono, no puedo evitarlo, me enamora". No necesito que me llame princesa, o pequeña. No necesito que se pase todo el día diciendome cuánto me quiere, y cuánto me echa de menos, porque no lo hace. ¿Y qué? A mi me sirve con que este a mi lado dos de cada tres horas, aunque eso sí, manteniendo la esperanza de que un día sean veinticinco horas de cada veinticuatro.

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